Crónicas Baggetts # 6
Conclusión de “Las perdidas” (Relato previo en las Crónicas Baggetts # 4)
Las ya incontables estampas de “sol” que cubrían su parte trasera… acojinaron el terrible y ultimo aplastón ante mis ojos; lo hubiera visto, fue más que una escena terrible. No había nada que yo pudiera hacer.
Un bocho azul que venía sobre la gran avenida Moctezuma, que lleva del Oriente al Poniente de la ciudad; cruzaba a velocidad prudente… su ocupante jamás fue conciente del dolor que causo a un pobre juglar bagetero que por imprudencia perdió su posesión mas preciada desde hacia 3 años…
Sucedió así linda dama, que el bagetero subió a lo que sería su transporte en turno… a pesar de que teme a los vehículos de motor y más a las motocicletas…aun así accedió a subir.
Un viejo bagetero en la parte trasera y conduciendo un adolescente motociclista… parecía no haber peligro alguno para el celular azul con estampas de “sol” ya acumuladas de un año.
Fue así que surgió a mi pesar un enemigo casual también motorizado; la carrera no se hizo esperar… la moto del adolescente corrió, siendo muy superior a la del contrincante anónimo. Cuando la confianza del piloto y del acompañante los sobrepaso… así por que si, ramparon un tope… con carcajadas y la adrenalina al limite, sin percatarse que el tercer e ignorado pasajero había bajado de manera abrupta e inadvertida.
Voló de mi bolsillo… mi saco tiene un bolsillo en el pecho, donde yacía mi celular; al rampar no hubo nada que le impidiera salir disparado, para así finalmente caer al suelo y desarmarse al contacto de las llantas de los muchos autos que circulaban la avenida esa noche de jueves.
Al bajar de la motocicleta, busque mi celular para hacer una llamada… triste realidad. El frio que sentí en mi espalda aun lo puedo sentir… subimos a la moto con la esperanza de que estuviera intacto… era obvio había caído al momento de rampar. Al llegar ahí… donde se encontraba el tope, minutos antes… un buen recuerdo de la carrera y la victoria ahora, se convertía en la lapida y horrible piedra de verdugo ante mis ojos.
Ví con horror como un bocho pasaba sobre el, inadvertido de que bajo su rueda moría mi celular. De, el… claro que tome del suelo 3 partes, la carátula, la pantalla con los pocos números que no fueron botados por la presión de las ruedas y la tapa trasera cubierta de estampas de sol.
Así fue dama mía que murió aquella noche mi celular… Un relato tan banal como este no puede tener moraleja… tan solo puedo decir que me aferre guante 3 años, que ese aparatito me acompañaría durante mucho más tiempo… y… que incluso iría conmigo al viaje que emprenderé al lejano norte. Sin más que decir… aquí concluye mi historia… donde supongo que inicia la suya.
Dígame… ¿Cómo es que usted tenía ya conocimiento de mi relato si ni siquiera la conozco… a tan distinguida dama?
A lo que la dama respondió: “Por que yo también soy tu perdida”
FIN…